Guía práctica para padres y madres

La niñez es la etapa de los cambios por excelencia. Para dar apoyo a los niños y niñas que pasan por esta etapa convulsa no siempre hay profesionales con mil y un títulos de especialización y años dedicados a estudiar en la academia para saber cómo enfrentarse a los retos de cuidar a los más pequeños, sino, en la mayoría de las ocasiones, padres y madres movidos por su voluntad, su capacidad de esfuerzo y, claro está, el amor y el apego que sienten por sus retoños. Ellos son los verdaderos expertos en el tema.

Sin embargo, esto no quita que estos padres y madres deban prescindir del conocimiento que nos brinda la psicología infantil, dada la gran cantidad de horas que dedican y lo mucho que está en juego en su manera de relacionarse con sus hijos e hijas. Este es un campo de investigación e intervención en el que hay mucho que aprender y aún más por descubrir, y puede resultar de suma utilidad a la hora de conocer los procesos mentales y estilos comportamentales típicos de los más jóvenes.

¿Qué es la psicología infantil?

Dentro de la rama de la psicología evolutiva (también llamada psicología del desarrollo), encargada del estudio de los cambios comportamentales del ser humano a lo largo de su vida, tiene especial importancia la etapa de la niñez. En esta fase vital se dan un cúmulo de situaciones que hacen que por un lado, se produzcan muchos cambios en nuestro cuerpo, y por el otro, seamos especialmente sensibles tanto a estas dinámicas internas como a las que tienen que ver con el medio en el que crecemos y aprendemos. Es por eso que hoy en día es habitual utilizar no solo el concepto de psicología del desarrollo, sino también, de manera más específica, el de psicología infantil.

La psicología infantil tiene importantes conexiones con la biología y con la psicopedagogía, de modo que sus ámbitos de estudios más importantes tienen que ver con los cambios comportamentales y neuroendocrinos que tienen a experimentar los niños y niñas y, por otro lado, los estilos educativos y estrategias de aprendizaje que se pueden adaptar mejor a ellos.

A continuación puedes ver algunas de las grandes conclusiones sobre la mente de los niños a las que se ha llegado a través de las líneas de investigación en psicología infantil.

Comprendiendo a hijos e hijas: 7 claves sobre psicología infantil

1. La etapa con más cambios

Las etapas del desarrollo cognitivo con las que se trabaja en la psicología evolutiva ponen un especial énfasis en el período que va desde los primeros meses de vida hasta la adolescencia, ya que es en ese margen de edad donde se suceden la mayor cantidad de etapas. Es lo que ocurre, por ejemplo, en la teoría del desarrollo cognitivo de Jean Piaget.

Esto, por supuesto, tiene implicaciones para la psicología infantil. El desarrollo de las capacidades cognitivas (como la inteligencia, la memoria, etc.) se desarrollan más o menos al mismo ritmo que los cambios más observables a medida que una persona crece. Esto significa, entre otras cosas, que no es raro que en los primeros diez o doce años de la vida de un niño o niña su personalidad, gustos o costumbres parezcan cambiar radicalmente en algunos aspectos.

2. El momento de mayor plasticidad

Muchos estudios sugieren que la niñez es la etapa vital en el que el cerebro es más propenso a cambiar con los estímulos externos más insignificantes. Esto significa que ciertos aprendizajes pueden ser realizados de manera más sencilla en los primeros meses o años de vida, pero también es posible que ciertos fenómenos relacionados con el contexto afecten negativamente tanto al desarrollo cognitivo de los pequeños como a su estabilidad emocional.

3. Tendencia hacia el egocentrismo

Una de las principales conclusiones a las que se ha llegado tanto desde la psicología infantil como desde las neurociencias es que todos los niños y niñas tienen una clara tendencia hacia un estilo de pensamiento egocéntrico. Esto no significa que su moralidad se haya desarrollado para hacer que sus necesidades y objetivos estén por encima de los de los demás, sino que directamente su cerebro no está preparado para procesar información relativa a la sociedad o el bien común. Esta capacidad aparecerá con la mielinización de ciertos circuitos neuronales que conectan el lóbulo frontal con otras estructuras.

4. Hay muchos motivos para no usar el castigo físico

Más allá del dilema ético de si aplicar el castigo físico con niños o niñas, cada vez hay más investigaciones que refuerzan la hipótesis de que esta opción tiene efectos negativos que deberían evitarse.

5. No todo el aprendizaje es literal

Aunque los más pequeños no tengan la capacidad para captar las sutilezas del lenguaje de manera correcta, solo una parte muy pequeña de lo que aprenden tiene que ver con afirmaciones claras y sentencias firmes acerca de la realidad (normalmente provenientes de los padres y madres o el personal docente). Incluso a edades tan cortas, los actos enseñan más que las palabras.

6. Los niños y las niñas actúan siguiendo una finalidad

La psicología infantil nos enseña que, aunque su comportamiento nos pueda parecer caótico e impulsivo, hay siempre una lógica que guía los actos de los más jóvenes. Del mismo modo, ellos pueden tener problemas para adaptarse a ciertos contextos si no llegan a entender por qué deben respetarse ciertas normas. El encaje adecuado entre nuestras visiones de la realidad pasa por una buena comunicación con los hijos e hijas, adaptando el discurso a su capacidad para entender conceptos más o menos abstractos.

7. Más no siempre es mejor

Aunque parezca contraintuitivo, tratar que los niños aprendan todo lo que puedan en el menor tiempo posible no es algo recomendable. El desarrollo de su cerebro está dictado por unos tiempos que no tienen por qué ir a la par con la curva de dificultad de las lecciones que se les intenta enseñar. Esto significa, por ejemplo, que a ciertas edades no es adecuado que se les de lecciones que impliquen dividir o multiplicar, aunque hayan aprendido los pasos previos que a una persona adulta le posibilitaría aprender estas materias.

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