Del Diario de Un Amor Prohibido…

Me está prohibido amarte.  Vedado.  Impedido. Pero te amo.  Entrañablemente.  Mi amor por ti es como es como el del pez por el agua.  Obligado.  Sin dominio.  De permanente domicilio.

Te amo tanto y a veces tan poco, que no puedo decírtelo.  Ni a ti ni a nadie.  Como tampoco a él puedo decirle que no lo amo.  No puedo decirle que es a ti a quien amo.  Aunque ese amor sea escaso.  El me cuida.  Siempre.  No frugalmente.  Como lo haces tú.  Él me ha dado tanto.  Una hija.  Con él tengo tan poco.  Una frágil familia.  Quebrada.  Débil.  Pero es bueno tener familia.  Aunque la nuestra dependa de mi fortaleza para tolerar lo insoportable.  Es como un tronco ancho y pesado de madera que cargo sobre un hombro.  En el otro hombro estás tú.  Tus deliciosos besos.  Tu sexo.  Intenso pero a la vez liviano.  Lo que tampoco puedo decir.  Ni a ti ni a nadie.

No hay nadie a quien confiar mis secretos.  Una mujer no puede revelar sus secretos de amor verdadero.  No se le puede decir a un hombre que alguna vez hubo –hay– un amor verdadero.  Un amor.  Una conexión espiritual que sólo se siente cuando se ama.

Estando contigo he sentido que puedo alzar la mano y tocar las estrellas.  Sólo contigo.  Jamás soñé ese momento.  Descubrí que lo que estaba pasando trascendía la aventura.  Tuve urgencia de perspicacia.  Deficiencia de comprensión.  Hay algo en tus ojos que me transportan a otra época.  El intercambio de miradas contigo provoca una conexión entre nuestras almas.  Una unión inexplicable donde sólo sentirte dentro de mí se impone como lo correcto.  Como si mi trascendencia espiritual te hubiese estado esperando por siglos.

La serenidad que me provocaba que me toques deja mi mente en blanco.  El tiempo que te tomas para descubrir mi cuerpo me transporta en un viaje astral.  No pienso.  Los segundos se multiplican y mi alma vuela lejos.  En mi mente no hay pensamientos.  Me dejas en blanco.  Sólo nosotros.  Sentir que me amas.  Que soy delicada para ti.

Cuando nos amamos creamos energía.  Intensidad.  Cuando penetras mi cuerpo y alcanzamos las cumbres mirándonos a los ojos, el poder que se crea extrae el alma de mi cuerpo.  Quedo iluminada.  Liberada de deseos.  De conciencia.

Soy dichosa.  En poderlo entender.  Apreciar.  Desear.  Sabiendo que pocos podrían entender lo que sólo algunos hemos vivido.  Almas errantes.  Por siglos.  Vueltas a encontrar.  Tengo temor de nunca volver a sentir lo que he sentido.  Ni siquiera contigo.  Te estoy tan agradecida por esa experiencia.  Quizá por eso te siga amando.  Aunque sea prohibido.

Por el momento, con sigilo debo ocultar lo reservado.  Pero debo dejar constancia de mis caminos por estas tierras.  Debo dejar constancia de mis hechos.  He decidido escribir un diario que sólo podrá ser leído por mi hija a mi muerte.  ¡Caiga la condena del desamor a quien viole este deseo!

Tomado de “Un diario de amor prohibido” publicado por Reinaldo Alegría el 13 de Enero de 2014

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2 comentarios sobre “Del Diario de Un Amor Prohibido…

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